En el embarazo, pero por sobre todo en el post parto, el rol del papá o de la persona que va a cumplir el rol paterno ES CLAVE. 

Como sociedad, tendemos a pensar que el hombre es menos importante en el proceso de traer a un hijo al mundo. Tendemos a creer que, como la madre es la protagonista, el padre es una figura poco relevante y que, por consecuencia, lo que haga o no haga en esta etapa vital no tendrá mayor importancia. 

Lo que yo quiero hablar aquí es precisamente del tremendísimo error que es caer en ese tipo de pensamientos.
Nadie pone en duda que la mujer es la protagonista en el proceso de gestación, parto y post parto. La mujer pone demasiado de sí, vive cambios en cada una de sus áreas y se transforma para traer al mundo una vida que gestó desde lo más profundo de su ser.
Sin embargo, afirmar que la mujer tiene este protagonismo no es sinónimo de pensar que el hombre es poco relevante, que sus funciones son menos importantes o que su ausencia/presencia no tiene un impacto significativo en la vida de ese niño/a y en la etapa vital de esa mujer vulnerable.

La pareja en el post parto es el principal sostenedor del bienestar materno-filial. Es el papá, o ese acompañante, el que tiene la misión de proteger, cuidar, respetar y apoyar continuamente a esa mujer puérpera que biológicamente está destinada a cuidar a su recién nacido.

Si lo pensamos como un núcleo con diferentes capas, y pensamos que las capas más externas protegen como un escudo a las capas más internas, la mamá con su hijo/a están en el núcleo de esa estructura, protegidos por las capas externas que le entregan el sostén y cuidados necesarios para mantenerse en armonía. Inmediatamente después de ese núcleo materno filial, viene la capa paterna, donde habita ese papá que incondicionalmente debe proteger y velar por el bienestar físico y emocional de esa mujer y ese recién nacido.

¿Cómo? Entregándole seguridad a esa mujer vulnerable, apoyando de manera activa en esa lactancia materna, encargándose de que esa mujer cuente con tiempos de descanso, involucrándose de manera activa en la crianza y cuidados de ese bebé, repartiendo la carga mental de manera equitativa, siendo un espacio de compañía y tranquilidad, siendo un escudo frente amenazas externas (ej: comentarios no pedidos, falta de límites de las familias, etc).

Cuando no se dimensiona la importancia de su rol, esa mujer tiene mucho más que enfrentar y no puede hacer única y exclusivamente lo que su cuerpo le grita: Estar con su guagua. Asimismo, cuando la pareja evade sus responsabilidades de cuidados y contención, esa mujer tiene muchos más riesgos de presentar síntomas de depresión o de ansiedad, y por consecuencia, dificultades a la hora de vincularse con su guagua.

La persona que toma el rol paterno debe comprender que su rol va mucho más allá de ser “el que ayuda” a esa mujer puérpera. Su rol es sostener a esa mujer y sostener a ese hijo/a, vincularse tempranamente con su guagua y compartir sus cuidados, sin pretender reemplazar ciertas funciones maternas cuando la mamá no lo desea. 

El papá es clave y puede hacer que el camino de la ma/paternidad sea mucho más saludable y amoroso. El rol paterno bien cumplido vale demasiado y no podemos pretender quitarle la importancia que merece. 

Micaela Valdatta 

Psicóloga perinatal de Casa de Parto

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