Si ponemos atención en nuestra vida diaria; sin saberlo, muchas veces estamos ritualizando, de manera personal o colectiva; Cuando comenzamos el día de una determinada manera, cuando nos despedimos de nuestros hijos por las noches con alguna frase en particular, cuando conmemoramos nuestro nacimiento o el de otros honrando su llegada a este plano, cuando depositamos nuestros deseos en proyectos a realizar o incluso cuando nuestro cuerpo a través de su increíble fisiología nos recuerda nuestra verdadera naturaleza humana; la llegada de la menarquia, la posibilidad de una gestación o el hecho de menstruar mensualmente nos da la oportunidad de observar el presente y rendir culto al cuerpo que habitamos.
La palabra rito proviene del término latino ritus, el cual hace alusión a una costumbre o ceremonia que se repite, este es de carácter simbólico ya que representa el sentir de una comunidad, de un culto o de un individuo en su vida diaria.
Los ritos son una manifestación de nuestros procesos personales o colectivos, por ende estos pueden ser tanto ceremoniales, como conmemorativos o incluso festivos. Esto dependerá de la intención que le demos al rito a vivir.
Muchas veces cuando escuchamos la palabra ritual, nuestra mente viaja directamente a una esfera holística, o incluso a ciertas religiones las cuales a través de diversos simbolismos han encontrado formas para destacar momentos claves de los procesos personales o espirituales del ser humano; en estos podemos encontrar el matrimonio, el bautismo, o incluso la muerte y la idea del funeral o trascendencia. Pero lo cierto es que el concepto ritual siempre ha sido parte de nuestra humanidad.
Todos estos momentos de nuestra vida, tan cotidianos y a la vez significativos nos hace pensar que para poder ritualizar no necesitamos ser seres místicos, ni tener una preparación previa a través de técnicas como la meditación o el yoga. Simplemente basta con darle simbolismo a aquello que nos mueve, nos transforma o incluso nos paraliza y nos cuesta abordar. El ritualizar es una posibilidad o el deseo genuino y profundo de dar cabida a algo nuevo, honrar el presente o incluso dar fin a un proceso en nuestra vida. Es abrir espacios desde la reflexión en torno a lo que vivimos, junto a quienes amamos o a nuestra propia presencia única, clara e Indivisible.
Cuando ritualizamos en nuestra vida diaria, no solamente somos ese canal para nosotros y la importancia de vivir en el presente, sino también para quienes son parte de nuestra vida.
El ritual nos permite conectar, transitar y transmutar lo que vivimos en el día a día tanto para nosotros como para quienes son parte de nuestro camino, dándole un lugar especial a nuestras experiencias. Te invito a ritualizar tus procesos, a confiar, a crear realidades desde el amor y a darle lugar a la reflexión para vivir una vida más plena.

Javiera Venegas
Gestora Casa de Parto
Doula y terapeuta holística

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